Los daños a la piel que provocan las pantallas LED del celular o computador y cómo prevenirlos

El deterioro de la piel se hace evidente con el paso de los años debido al envejecimiento y a diversos factores externos, como la exposición solar, las bajas temperaturas y la polución ambiental. La dermis pierde grosor, produce menos componentes estructurales (colágeno) y, en general, sus propiedades biomecánicas (firmeza y elasticidad) se dañan. A nivel facial, la piel expresa estos cambios internos con la aparición de arrugas y flacidez, hecho que además se agrava por la acción de la gravedad terrestre, que ejerce una fuerza constante hacia abajo, desdibujando el óvalo facial.
Pero en la actualidad, además, se debe sumar un nuevo agente externo sigiloso que ataca nuestra piel en la vida diaria: el impacto de las luces LED que emiten los dispositivos electrónicos como celulares, tablets y computadores, los cuales “dañan la maquinaria energética de las células de la piel, debilita su movilidad y propiedades de comunicación celular”, según señala Sandra Navarrete, Master en Dermocosmética y directora de Bodynew.cl, dermocosmética 100%.
En el mismo sentido, la experta agrega que “la luz visible artificial (AVL) está en todas partes en nuestra vida moderna, y el uso diario de dispositivos electrónicos conduce a una mayor exposición a fuentes de LED que emiten en longitudes de onda de luz visible, lo que provoca un estrés ambiental adicional en las células de la piel. Los órganos encargados de la producción de energía en las células se dividen y disminuyen la obtención de energía celular, aumentando la fatiga celular. Las células principales son menos capaces de producir los componentes proteínicos que el tejido humano necesita para interactuar con su entorno, lo que dificulta el proceso de remodelación de la piel y provoca que su vitalidad se reduzca”.
Según Navarrete, “los efectos de la exposición a las pantallas en los ojos o la calidad del sueño están bien documentada hoy en día, pero el impacto en la piel se entiende mucho menos. Ante esta situación, es de suma importancia en la vida moderna abordar esta cuestión, para proporcionar a la industria del cuidado personal una respuesta científica y comprender el efecto de la luz visible artificial en la piel. Por ejemplo, hay estudios sobre los efectos de esta luz visible o luz azul, que indican que propicia la aparición de arrugas, manchas, deshidratación e incluso afecta la visión”.
“Además, aumenta la cantidad de pigmento en la piel y su inflamación y también incrementa la cantidad de radicales libres en la piel dañándola y promoviendo el envejecimiento, por lo que este tipo de luz es más compleja de lo que las personas imaginan, ya que no hay conciencia del uso de los celulares y cada vez más niños y adolescentes presentan irritación en la piel que puede transformarse en una rosácea, esto porque el daño progresivo va llevando a la piel a un estado de sensibilidad y perdida de su protección natural”, destaca la especialista.
Para contrarrestar estos efectos adversos, indica que “se debe conseguir recuperar y/o mantener el buen estado de los principales elementos estructurales de la piel (unión dermo-epidérmica, cohesión epidérmica y matriz extracelular dérmica), que son los que le confieren firmeza y resistencia, y en este sentido, es importante utilizar cosméticos con que contengan activos que protegen de este tipo de luz y que dan una hidratación y calmante para la piel”.
En consecuencia, la también Ingeniera Química de la UTEM, señala que las principales medidas y precauciones que se pueden tomar, se orientan a “utilizar productos que cumplan principalmente las funciones de limpieza, hidratación y protección. Los mejores productos hidratantes son aquellos que dejan una finísima película protectora sobre la epidermis y tengan en su formulación productos humectantes para prolongar el tiempo de contacto del producto con la misma”.